18 oct. 2010

JIM

Por aquel entonces yo aún era un criajo con los mocos colgando pero aún así su recuerdo se me viene a la cabeza totalmente nítido y, creedme, que todo sucedió tal y como os cuento.
Jim llegó al pueblo en chanclas y con un bulto de equipaje en forma de plátano una tarde plomiza y gris de noviembre, dijo que estaba de paso pero acabó quedándose casi tres años. Tenía el pelo enmarañado, largo y sucio y sus ropas le quedaban demasiado olgadas para los gustos de la época por eso toda la gente le miraba raro.
Un día de temporal apareció en la desembocadura de la ría con ese plátano gigante y se quedó a medio camino entre la orilla y alta mar, es decir, la zona de espumas que hasta entonces todo el mundo evitaba por las leyendas que contaban los pescadores. Resulta que se pasó tres horas jugando con las olas y caminando por encima de éstas, tal fue la revolución que causó que no fuimos pocos los que nos congregamos a pie de playa para ver lo que hacía aquel tipo de acento extraño y cara sin afeitar.
Al cabo de un tiempo, cuando ya tenía algo de confianza con él, me dijo que en su pueblo eran muchos los que jugaban de esa manera con el mar y que gracias a eso habían aprendido a detectar sólo con un vistazo los sitios "de juego" más propicios, por eso cuando vió nuestra ría le dijo al autobusero que parase y se bajó de un salto.
No había transcurrido ni una semana desde su hazaña cuando aún fue más lejos saltando desde las rocas y remando hasta detrás del peñón donde, según él, salía una "izquierda increíble". Por entonces, para el resto de los que allí vivíamos, izquierdas o derechas solo eran un par de opciones políticas, es más, ni eso, porque de opción poca ya que se nos imponía una a punta de pistola como quien dice.
Todas las chicas estaban locas por Jim y reconozco que yo era uno de los que le seguía a distancia para observarle cuando paseaba ensimismado y solo mirando al mar. Quién sabe lo que se le pasaría por la cabeza.
Después de un tiempo él mismo me contó todo cuanto le inquietaba y todo cuánto había aprendido. No lo voy a transcribir aquí porque cansa mucho leer en una pantalla de ordenador y paso de cansar aún más al personal, lo que sí os diré es que no entendí hasta transcurridos bastantes años la mayoría de aquellos pensamientos que me reveló.
Un mal día, tal y como como vino, se fue. Para entonces en la ría ya había aglomeraciones y gritos entre las espumas en vez de a pie de playa y la melena ya era algo usual y los equipajes platanescos inundaban las calles del pueblo y los pescadores ya no contaban sus leyendas.
Hoy todos jugamos a ser Jim pero nos quedamos en el intento.
Él es un faro y el resto somos barcos, y ayer su luz volvió a desvelarme en mitad de la noche.

1 comentario:

BFG dijo...

juas ... que porfundo ... :)

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