12 may. 2014

ANIMAL


Resulta que constantemente, cada vez que voy a currar o salgo o, en definitiva, cada vez que intento integrarme en la sociedad, anulo por completo toda mi parte animal.
Me afeito pa quedar todo suavesito. ¿Patillas? A lo triángulo. Perfectamente definidas. Oh la la.
Me ducho y, por si no bastase, me unto desodorante hasta la tripa, como en el anuncio, no vaya ser que a media tarde empiece a oler a mí mismo.
Me corto las uñas, me lavo los dientes para que la boca me huela a menta y me echo gomina porque me gustan los pelos plastiqueros que no le hacen caso ni al viento.
Me tiro encima trapos absurdos que no protegen del frío ni del sol, sólo disfrazan. Corbatas y mierdas de esas...
Hago abdominales, me tatúo y me depilo. Yo digo que es por comodidad, por el sudor y esas cosas. Por si ando en bici o nado, pero todos conocemos la verdad.
Como ves, de herencia animal ni la hache.
Incluso me corto los pelos de los huevos, no vaya a ser que me cruce con alguna exploradora escrupulosa.

Luego llega el sábado y me enfundo un traje de neopreno y me meo encima y me vuelvo territorial y frunzo el ceño y enseño los dientes: animal que defiende su espacio vital. 
Ese neopreno me vuelve rudo y primario. Me devuelve mi Yo. Hace aflorar de golpe eso que llevo tratando de camuflar toda la semana. 
Con él puesto tengo derecho a todo. 
Soy Scarface: el mundo a mis pies.
Grito, maldigo y escupo. Me cago en Dios y en los santos y no hay quien se me ponga delante con semejante vena en el cuello.
Vuelvo a mearme y pego hostias a un trozo de foam inanimado cada vez que pierdo el equilibrio "por-su-culpa"
Ni me hables. Ni me mires. Grrr.

... Al lunes siguiente ya vuelvo a ser todo cortesía y perfume. 
¿Cero animal?. ¡Cien por cien vegetal!


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