21 may. 2013

SEMANA ULTRAVIOLENTA vol. V: MI MEJOR DÍA EN LIBERTAD

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Glup glup prffff. Las tripas... Me levanto cagando hostias. Cierro con pestillo y... ¡cagada 10! Todo de una sola vez. Vacío y sin ensuciar. Ni me limpio.
Salgo del baño tan contento por una cagada así de las que pocas veces ocurren que lo proclamo a los 4 vientos: ¡cariño, una cagada 10!. Y sus padres, que habían venido sin avisar, junto con ella, boquiabiertos en el salón
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Joder, tal fue la vergüenza que no pude reaccionar y lo único que se me ocurrió fue coger el jarrón con las dos manos y estampárselo con todas mis fuerzas al padre en la cabeza. Como era de mala calidad, el jarrón se rompió en mil pedazos antes incluso de que papá se desplomase con su cabeza abierta en modo riego por aspersión. Moqueta y sofás pa tirar.
Naturalmente la madre de mi novia tardó poco más en ir al suelo pues la masa encefálica de su marido le provocó tal impacto que pronto fue a reunirse con él al suelo clavándose, ya de paso, trocitos de jarrón a lo largo de todo su costado derecho de foca asquerosa.
Mi novia fue amortiguada por el cuerpo de su madre.
Como la cabeza del padre seguía escupiendo sangre opté por coger y tirarlo por la ventana sin reparar que vivo en un primero y de la ventana al patio hay como un metro o así, de modo que salí a por él, le volví a meter dentro y le subí al sexto, desde donde le empujé, ávido de espectáculo, con más perspectivas espectaculares. Y así fue pues la contorsión imposible que adquirió el cuerpo al contacto con el cemento no tuvo desperdicio. Tampoco el Booooooooooom choffffff que lo acompañó. Tanto fue así que bajé como un rayo por la escalera, riendo, salivando, saltando escalones de tres en tres y recogí el maltrecho cuerpo y me lo volví a subir al sexto para repetir hazaña. Así hasta tres veces. Hasta que los huesos estaban tran triturados y hechos polvo que me resultaba casi imposible incorporarlo conmigo en el ascensor sin que sonase como una bolsa de canicas que se rozan entre sí.

Volví a casa y mi novia y su madre se habían ido, seguramente a llamar a la policía. Cogí y me eché colonia y fui a mi habitación a besar el poster de mi peli favorita. Era mi peli favorita desde que en la tripa me había aparecido una especie de vagina enorme, como a su protagonista.  Y ya sin más preámbulos corrí hacia el calzador y la puerta. No había un minuto que perder. Mocasines o tenis. Mocasines o tenis. Mocasines o tenis. Me cago en la puta, a tomar por culo, chanclas con calcetines.
Y salí a la calle y por ahí fui haciendo la avioneta entre la gente, trazando curvas con los brazos extendidos e imitando el ruido de un motor con la boca cerrada. Nadie me dijo nada. Ante mí iba una paisana con un perro en miniatura y con jersey. Cogí carrera. Boooom, despeje a lo Paco Buyo y sacopulgas a tomar por culo jajajajaaj. Cómo me dolía el pie.
Con tanto esfuerzo, seguramente el esfinter había dado de sí y me entraron de nuevo las ganas de cagar así que me acerqué a un buzón (no voy a cagar ahí en medio de todos, como un animal) e hice fuerza. No te lo vas a creer tío ¡otra cagada 10!. Zurullo impecable de más a menos. Duro, compacto, definitivo. Era increíble, el mejor de todos los días que he pasado en libertad.

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