22 feb. 2013

MI ABUELO

Mi abuelo tenía las orejas de soplillo y los ojos de un azul que rara vez verás en el cielo que tenemos aquí por el norte.

Siempre andábamos echando pulsos. ÉL como si nada y a mí a punto de salírseme la mierda. 
Recuerdo que una vez se me antojó un kart a pedales y fue a comprármelo al Carrefour, que de aquella era el Pryca. Nada más bajarlo del coche me monta y me empuja cuesta abajo. Ceja abierta. Mi madre y mi abuela riñendo. Yo llorando y él se encoje de hombros y me mira en plan, la armamos macho. Años después miramos esa misma cuesta y nos decimos: en qué cojones estábamos pensando.
Mi abuela sigue pensando que pagó cuatro mil pesetazas por mi escopeta de perdigones. El día que se entere de que en realidad fueron casi diez... arde Troya. Bueno nah, después de todo, se reirá porque ÉL era así.
Ahora al final yo nunca le retaba a un pulso porque ya no le quería ganar.

Hay un proverbio que dice que los muertos siempre salen a hombros. ¡Ay!, qué bueno era. ¡Ay!, que gran corazón tenía bla bla bla.... En fin, hace años José Pellón (gracias Jose si lees esto) me hizo una entrevistilla-test para surfer rule y una de las preguntas era: una persona y yo respondí: mi abuelo. Y él, en vida, me miró y no me dijo nada, del mismo modo que hoy, en muerte, yo le miro y no digo nada.

No se por qué escribo todo ésto, llorando como estoy como una maricona, pero en realidad me lo pide el cuerpo. Tal vez lo relea después de un tiempo y sonría al recordar todas esas putas batallitas libradas con mi abuelo: mi amigo: mi padre.

TE QUIERO tío. SIEMPRE.
No puedo seguir. 
Creo que está todo dicho

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