5 sept. 2013

MIEDO

Yo me beneficio de tu miedo porque anula tu capacidad de respuesta y cuanto más temes, más aceptas todo lo que yo te diga.
Siempre estoy hablándote de ser valiente, de protestar, de no conformarte. Pero, en realidad, es pura demagogia porque me froto las manos cada vez que te veo  temblar. Lo mismo que con la patraña de la libertad y la felicidad. Mucho lirirli y poco lerele. Son cosas que mejor de lejos, ¿no?. Luego, de cerquita, asustan. 
No estás hecho para ser león porque no llegarías muy lejos por tí mismo. Lo sabes. Necesitas héroes, ídolos a los que seguir, sean verdaderos o falsos. Tú, solo, te perderías. 
Un león construye su propia verdad. No depende. No está a expensas de nada ni nadie, pero a menudo se siente solo.
Una oveja no se complica la vida. Pastar y pastar y ver la vida pasar. Yo te proporciono hierba pero establezco los límites que tú aceptas porque prefieres no complicarte ni mirar más allá del cercado, aunque luego quede bien decir eso de salirse del grupo, de romper con todo, de ser único y diferente y bla bla bla... Te cansas y a volver a pastar, que estás más guapo pastando.
El miedo no lo he inventado yo eh, que conste. A mí que me registren. Ésto ya viene de lejos.
Creo que fue cosa de los primeros cotizadores en bolsa: los mesías, pues sin miedo no hay Dios. 
¿Te crees que Dios es la figura central del cristianismo, por ejemplo? Y una mierda, es Satán. Piénsalo. 
Si no existiese el diablo no habría miedo a pecar ni al infierno y, en consecuencia, a una eternidad de castigo, con lo cual la vida sería la vida, simplemente, en su estado pleno de disfrute y no un entremés del paraiso (puede que sí o puede que no) donde el sufrimiento se verá recompensado (puede que sí o puede que no).
Parece aburdo condicionar toda una existencia por una simple sospecha. En realidad no tiene nada de simple pues es el mejor negocio que se me viene a la cabeza: un cliente fiel con cuotas durante toda su vida y que además, durante el transcurso de ésta, vaya preparando a sus querubines como futuros consumidores del mismo producto. Fidelización de marca.
Yo campo a mis anchas. Somos pocos lobos vigilándoos, ovejas. Tiene que ser así. De éste modo tocamos a más lana para nuestros jerseys. 
Yo tengo que infundirte miedo para que tú creas que tienes algo que perder y así aceptes todo lo que yo te imponga.
Yo me cago en la puta cuando, muy de vez en cuando, surge una oveja negra que se acerca más de lo debido al cercado para ver que pasa allá. Menos mal que sucede de pascuas en ramos y enseguida las distraigo con aparatejos electrónicos, sorteos, cremas y potingues, programas, feisbucs y coches y trajes que suplantan personalidades.
¡Ay!, ¿qué sería de mí sin tu miedo?. Calla, calla. Me da miedo solo de pensarlo.

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