7 dic. 2012

INGO SWITCHENBERG


No sé a quien le escuché decir el otro día que ya no había verdaderas estrellas de rock porque los rockeros ya no se suicidaban, que ahora acababan siendo viejos y decrépitos que venden sus intimidades a las revistas o a la tele y que son gajes del oficio, si decides ser rockero, pues te jodes y muere jovensi quieres vivir mucho sé fontanero o corredor de seguros. 
Eso me hizo pensar en la cantidad de peña que terminó de forma turbia o trágica y que formaban parte de grupos que escuchaba todo el rato cuando era chavalete. Uno de ellos fue el batera de los míticos Helloween Ingo Switchenberg.

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Pues Helloween son un grupo de heavy metal alemán míticos no, lo siguiente. Cualquier día su logo con calabazas se pondrá de moda y empezaréis a ver imbéciles comprando sus camisetas en el pull & bear.
 El caso es que Ingo era su batera original y con ellos grabó los discos que los hicieron grandes ("walls of jericho, keeper of the seven keys I, II...). 
Todo les iba bien: vendían discos a cascoporro, se curraban buenas giras y la gente les quería un montón porque además de hacer buena música eran super amables y llanos.
El caso es que Ingo tenía problemas de depresión desde siempre y la fama no le ayudó. Se encerraba en sí mismo y a veces se aislaba hasta tal punto que no podía ni actuar. Cuando os digo que la fama no le ayudó es porque, además de su inestabilidad mental, desarrolló un problema con las drogas bastante heavy.


Al principio no pasó nada porque el tío era un crack tocando: la rapidez con la que tocaba dio pie a un nuevo estilo que los frikis amantes de etiquetar llamaron "speed metal" y siempre tenía buenas palabras y gestos para con la prensa y con los fans, pero de puertas adentro su mundo se derrumbaba sin motivo alguno aparente. Tal fue el desequilibrio que entre tanto caballo y llanto acabaron diagnosticándole una esquizofrenia como una casa. Sus ataques cada vez eran más continuos y no paraba de ponerse ciego todo el puto día así que el grupo le echó cuando estaban en el apogeo de su carrera. 
Los Helloween siguieron tocando y triunfando y de Ingo poco se supo hasta que, años después, se tiro a las vías del metro de Hamburgo luciendo una camiseta con una calabaza estampada.

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