21 sept. 2012

A DIARIO: SÉ QUIEN ERES

I
...
A una nube

No lo tengas muy en cuenta. Sabes que los hombres son criaturas extrañas y su forma de amar es complicada: a veces sin ti no viven y otras estás de más. Así es. Quieren por el interés.
Solamente te añora quien suda o el que, de tanto esperar, se aburre y juega a buscar formas en tu pecho y en tu espalda.  Pero no sufras ¿Te has parado a pensar qué aburrido sería el cielo sin verse nubes al caminar?
Eres un trozo de tristeza suspendida. 
Peregrina y muda. Siempre vagando, nunca se para, se mueve, viste el cielo con una camisa de nieve.




II
...
La enfermedad

Sólo ese sonido me deja temblando
cuando repica en mi cuerpo sin dueño.
Deshago la cama. No concilio el sueño.
Son sus nudillos llamando.




III
...
Las sombras

Las sombras son vagas y difusas, están pintadas con un pincel tosco aunque ellas creen tener sus bordes hechos con lápiz de punta fina.
Las sombras son anónimas, cobardes. Gritan desde lo lejos aprovechándose de la espesura de la noche. Luego, a la mañana, la luz vuelve a callar las voces de las sombras.
Tápese los oídos madre, no escuche a las sombras. Las sombras mienten porque están ciegas y confundidas de tanto deambular sin sol.
No caminan. No saben. Palpan a ciegas y gimen como bestias que expulsan un aliento venenoso.
Yo sé quien eres. Deja de gimotear entre las sombras, por mucho que te camufles yo sé quien eres. Las sombras no te servirán de nada. 
Yo no soy pecado. Tú sí. No te hagas el tonto, ya sabes de qué hablo.


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