24 feb. 2010

LA ISLA BONITA



Como lo prometido es deuda os paso el texto que presenté para el report de 3sesenta.
No resume el trip, si no más bien mi visión personal , el cómo lo he vivido y que ha supuesto para mí. Fue escrito a modo de acompañamiento para el de Victor y sus fotos y como digo no pretende dar una visión objetiva y descrita al milímetro de lo que en aquellos días ocurrió allá por el mediterráneo.
Espero que os guste.



LA ISLA BONITA

Jesulín de ubrique nace en el pueblo gaditano homónimo el 19 de enero de 1974, para debutar en los ruedos 15 años después.
Conoce en Marbella a su futura mujer Belén Esteban con la que tendrá su primera hija “Andreíta” nacida en julio del 99. Pero la pareja no superará ciertas dificultades rompiéndose en Marzo del año siguiente.
Jesulín es fuerte y rehace su vida casándose con Maria José Campanario en 2002, de cuya relación nacen Julia y Jesús, nacidos en 2003 y 2007 respectivamente.
Actualmente está retirado y orgulloso de haberse convertido en todo un showman gracias a su toreo y desparpajo ante las cámaras.
Esto es lo que aprendes al acabar hojeando basurilla tras olvidar tus libros en la funda de las tablas y no cargar el mp4 para afrontar un viaje de 22 horas.





A punto de zambullirme en los problemas matrimoniales de Norma Duval, Víctor y Dani aprietan el claxon y afortunadamente distraen mi atención hacia otra serie que se aproxima. La cosa empieza a ser preocupante, porque esa vena cotilla que empezó como una hojeada tonta en el aeropuerto comienza a invadirme poco a poco y lo peor de todo es que no hay marujas alrededor con las que discutir, tan solo kilómetros de playa desierta, duna y aguas turquesa.

Los acantilados se suceden durante el camino de vuelta tras la primera sesión. Todo el mundo va callado, ensimismado, pero ese silencio no resulta incómodo porque no es fruto del enfado ni la decepción. Nada más lejos, aún no les he preguntado pero yo creo que todos compartimos una especie de gratitud por haber surfeado las olas que hemos surfeado en un lugar poco acostumbrado a verlas.

Las gentes del pueblo miran extrañados, no esconden su mueca de asombro al vernos atravesar sus estrechas calles empedradas y repletas de iconografía religiosa con las tablas pero nos sonríen y al final nos guían encantados a la casa de pescadores donde nos albergaremos esta semana. El trato es cordial y de tú a tú. De hombres de mar a hombres de mar. Al fin y al cabo a todos nos enloquece su azul. El amor es el amor.

Un hilo de luz anaranjada se cuela por la ventana para sacarnos a patadas de la cama. Cuando desayunamos, cogemos nuestras cosas y abrimos la puerta comprobamos que el cielo está morado y anuncia tormenta. Una vez en la playa una lluvia intensa descarga sin piedad sobre nosotros, suerte que ya estamos cambiados y Victor ha apretado el último tornillo de la carcasa.
Han pasado apenas veinte minutos cuando el cielo comienza a escampar en el horizonte, no damos crédito a lo que vemos, a lo largo de la misma montaña se puede apreciar la transición de la tormenta al sol que parece saturar aún más el ambiente con colores dignos de un cuadro de Turner.
Si el hijo de la varonesa Thyssen estuviese con nosotros en el agua, seguro que no se daría de hostias por la herencia de su padre.






Las enrevesadas curvas parecen decir “pasa de esa maldita revista que te vas a marear, cabezota cotillón, y presta atención al paisaje”. Les hago caso y compruebo que la isla no es el territorio árido y desolado que me esperaba. Efectivamente muchos de sus acantilados son del color del barro, tan característicos de la costa mediterránea, pero en esencia todo está dominado por un verde intenso y vivo sobre el que descansan a la hora de la siesta vacas, ovejas y árboles con formas caprichosas fruto de una prolongada convivencia con el viento.
La isla es basta pese a lo que pueda parecer en el mapa y las comunicaciones son sencillas pero pesadas, siempre a base de carreteras estrechas a menudo cruzadas por pasos a nivel sin barrera ante los que lugareños camicace acostumbrados ya ni frenan.
A todos nos sorprende lo variable del clima ya que la lluvia puede dar paso a un sol radiante en cuestión de minutos y un mar revuelto, on shore, puede convertirse en el más aceitoso glassy que hayas podido ver en tu vida. Lo curioso es que esto no sucede al amanecer o al atardecer como en cualquier otro sitio, sino cuando menos te lo esperas. Cuando le viene en gana a la madre naturaleza, que en esta isla italiana le gusta jugar a despistar.

Ya es noche cerrada cuando dan las seis y media, el tiempo refresca afuera y no hay mejor opción que irnos a tomar un buen capuchino calentito. ¡Qué gusto da abrazar la taza ardiente con las manos al salir del agua!. El ambiente es relajado y la conversación gira en torno al potencial de la zona:
-con olas más rollo Hossegor en la parte sur de la isla donde nos encontramos orilleras en beachbreaks dominados por una duna inmensa.
- algún que otro reef super juguetón en la zona centro en los que incluso puedes sacarte un buen tubo.
- y la zona norte, donde abundan multitud de rompientes de playa como las que te puedas encontrar en el cantábrico.
Pero gual que cambia el tiempo cambia el ambiente del bar casi sin darnos cuenta, por eso al café le sustituyen unas Ichnusas, la cerveza local, ya que haciendo caso de la teoría de Dani, vayas donde vayas, pide siempre la cerveza del sitio, ninguna te sabrá mejor. Seguíamos hablando del puntazo que es surfear un sitio “extraño” en un mar “extraño” cuando un tío se sube al escenario con un portátil y un micro y empieza a improvisar un karaoke con canciones de Ramazzoti , Laura Pausini y cosas por el estilo, ante nuestra sorpresa, la gente en lugar de tirarle los cascos vacíos de las botellas se anima y empieza a emitir chillidos desafinados en italiano convirtiendo esa apacible atmósfera de café en un maremagnun de cantantes que orquesta frustrados.
Lo dicho, del mismo modo que pasamos de la tormenta al sol, pasamos del sol a la tormenta.

Ya casi es hora de dejar la isla y aún no nos hemos hartado de sus pizzas, porque están que te cagas, ni de sus olas, porque van y vienen en silencio, furtivamente y como medio escondidas sin levantar revuelo por eso cada vez que coges una es como un pequeño premio a la perseverancia, no como en casa, donde están casi siempre en el mismo sitio y a la misma hora.







Rumbo al aeropuerto nos sumimos de nuevo en un silencio cómodo. Observo desde el asiento trasero sus caras y todas comparten un esbozo de sonrisa ensimismada.
La de Dani probablemente a causa de cerrar con éxito un viaje arriesgado que organizó con toda su ilusión desde antes del verano, y sobre todo por deslizarse y sobrevolar estas olas en un mar forastero donde la gente de océano no suele aventurarse.
La de Victor por haberse sentido como pez en el agua habiendo entrado solo cinco veces con su carcasa. Le gusta participar de la acción y formar parte de modo directo en ese instante que inmortaliza.
Y la mía por haber olvidado mi revista del corazón, arrugada y hecha aún más basura bajo la cama. Ya no escucho la voz de Dinio martilleándome la cabeza sino el leve susurro de una isla que me ha enseñado a esperar, observar y valorar las cosas con una perspectiva diferente y que me dice a través del fugaz lenguaje de sus olas ci vediamo presto



4 comentarios:

Anónimo dijo...

bravo!!
hay que tener cojones para empezar con el gran Jezulin!! jajaja
me gusta mucho.

godo dijo...

a mi también me ha gustado...la de la virgen...
enhorabuena crack
y las fotos cojonudas...de esas que según tú, sólo nos gustan a tí y a mi

BFG dijo...

muy bueno :)

Anónimo dijo...

Fotos increibles Sr. Legionario

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